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viernes, 17 de enero de 2014

Ya no se busca...

He de culpar a los astros, a los números o cualquier manifestación de suerte pero es que hay días, unos días que la melancolía se vuelve oxígeno y el entrecejo baja sin invitación alguna.

He caído en cuenta de que no extraño a alguien en particular, o lugar alguno que se precie de especial. Me extraño a mi, a mi en Coqui, en una vieja azotea, en una carretera con la radio encendida, me extraño tanto que he llegado a creer que por eso he dejado de soñarme. No me encuentro y tengo una ligera sensación de haber tomado malas decisionesy por supuesto haber tomado rumbos equivocados.

Pasan los días con un abrir y cerrar de ojos, de puertas, de cajas de cereal, de días completos... pasan las horas y yo me siento como parte de un espiral pero en cada suspiro me reconozco más vieja, mas cansada y hasta mas amarga.

Me he extrañado tanto que llego a confundirme y a sumirme en la más común de las tristezas, aquella que se viste con la ropa de la persona "ocupada", corro de un lado a otro, exigiendole rapidez a todos y a todo y me he olvidado de la dulzura de un suspiro, del maravilloso espectáculo de los árboles de meciendose en los vientos de marzo, del abrazo de mi madre y las sonrisas de mis personas favoritas.

Donde quiera que haya dejado extraviada a la chamaca Rubí, espero que se encuentre bien y que se acuerde de regar cada noche las ansiedades que producen las expectativas.

Hoy es una de esas noches... me veo sensible y me doy permiso de expresarlo. Eso es todo.

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