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martes, 21 de enero de 2014

Ellos no sabrán

Estos días han sido raros, hace mucho que no me preguntaban nada con un genuino interés, curiosidad casi casi infantil me atrevería a decir.

Hoy un grupo de chicos, ninguno alcanza la mayoría de edad, me han preguntado si he usado drogas y que si he fumado, todo eso me ha dado una tremenda nostalgia, ha pasado por mi mente la camioneta de Dayan, Nogueras bañada por la luz de la luna, las conversaciones bajo el influjo del alcohol, ese horrendo baguette relleno de nachos pero que en el momento justo de una madrugada, bien puede pasar por un delicioso manjar. Pues bien, he tenido un pequeño flashback a esos años al lado de Yaz en el viejo sofá de su casa, y he pensado que lejos de ser las drogas los más peligroso de mi juventud, ha sido mi eterna tendencia a entregarme, a perderme en un sentimiento y a soportar cada uno de las inclemencias de las relaciones, siempre con la promesa de una mejora...

Hoy me han preguntado por tonterías como la cocaína, la marihuana y hasta el tabaco cuando aun cuando no las he provado, sé que las experiencias cumbre de mi vida las he vivido bajo otra droga mucho más poderosa como la endorfina, a esos chicos les hace falta años de madurez emocional y mental para saber identificar el poderoso efecto de un beso de la personas correcta, de una mirada en medio de la biblioteca, de la toma de manos en un cine, de un cuerpo sudoroso después de hacer el amor con una persona que no quieres dejar ir.

Les falta años para comprender que una taza de café puede hacerte perder la noción del tiempo cuando sabes tomarla de manera adecuada.

Ellos no sabrán aun.
Ilustración de Fab Ciraolo

viernes, 17 de enero de 2014

Ya no se busca...

He de culpar a los astros, a los números o cualquier manifestación de suerte pero es que hay días, unos días que la melancolía se vuelve oxígeno y el entrecejo baja sin invitación alguna.

He caído en cuenta de que no extraño a alguien en particular, o lugar alguno que se precie de especial. Me extraño a mi, a mi en Coqui, en una vieja azotea, en una carretera con la radio encendida, me extraño tanto que he llegado a creer que por eso he dejado de soñarme. No me encuentro y tengo una ligera sensación de haber tomado malas decisionesy por supuesto haber tomado rumbos equivocados.

Pasan los días con un abrir y cerrar de ojos, de puertas, de cajas de cereal, de días completos... pasan las horas y yo me siento como parte de un espiral pero en cada suspiro me reconozco más vieja, mas cansada y hasta mas amarga.

Me he extrañado tanto que llego a confundirme y a sumirme en la más común de las tristezas, aquella que se viste con la ropa de la persona "ocupada", corro de un lado a otro, exigiendole rapidez a todos y a todo y me he olvidado de la dulzura de un suspiro, del maravilloso espectáculo de los árboles de meciendose en los vientos de marzo, del abrazo de mi madre y las sonrisas de mis personas favoritas.

Donde quiera que haya dejado extraviada a la chamaca Rubí, espero que se encuentre bien y que se acuerde de regar cada noche las ansiedades que producen las expectativas.

Hoy es una de esas noches... me veo sensible y me doy permiso de expresarlo. Eso es todo.