
La primera mujer que se cansó de Adán y se marchó de Edén
Pedro Guerra
El ambiente estaba impregnado de una ansiedad que se extendía hacia todos los rincones de la Hacienda. En el corredor sólo se escuchaba el ir y venir de unos pasos.
-Si tan sólo pudiera verla…- decía el Dr. Rogelio con la voz temblorosa y entrecortada por el tabaco.
-Es necesario estar tranquilo mi niño, estos asuntos así son. El cuerpo de la mujer es tan dócil como ingobernable. Sólo él sabe cuándo es el momento preciso para dar vida- decía la nana Carmen mientras daba una apacible palmada al Doctor.
La nana Carmen era una mujer anciana, y había sido una constante en la vida de la familia desde 1884 cuando llegó al servicio de la casa a los 12 años, sabía la importancia de lo que allí acontecía. Había cuidado al Doctor desde que éste vio la luz del sol por primera vez, lo había acompañado el día de su boda cuando éste tenía 23 años y estaba escrito que vería su descendencia…
Dentro de la habitación se dejó escuchar el fuerte grito de la Sra. Clara, Lilith había llegado, se había demorado 10 años, pero su retraso permitía a la familia saborear la victoria.
El Doctor entró en la habitación y después de ver a su mujer, vio por primera vez a la pequeña y desde ese momento supo que su vida ya no le pertenecía. Los años que siguieron a la llegada de Lilith, deban fé del amor desmedido con el que la niña fue criada, todo paso de la familia estaba medido con el afán de procurarle felicidad. Cada capricho era concedido aún antes de ser manifestado. El ser hija única le permitió gozar de ciertos privilegios. Entre el padre y la hija se desarrolló un vínculo tal que al Doctor le permitió adivinar los deseos de su pequeña. Con el correr del tiempo Lilith conoció la adolescencia y con ello la sensualidad que había guardado en su interior para el momento exacto. Era una joven muy hermosa, delgada y de piernas largas, su pecho mostraba orgulloso sus gracias femeninas mismas que acentuaban la brevedad de su cintura. La piel tenía un ligero tono rosado y era suave al tacto como el durazno. Su rostro era delicado y de líneas suaves, bajo la frente brillaban un par de esmeraldas que bien hacían juego con el rubí de sus labios. Tenía el cabello oscuro y brilloso como las noches de octubre y suave caía sobre los hombros. Era la mujer más bella del pueblo.
El día de San Antonio Lilith asistió a la comilona que su padre había realizado con motivo de las fiestas patronales, presa del aburrimiento dirigió sus pasos hacia los jardines de la hacienda. Estaba absorta jugueteando con su cabello cuando la sorprendió la voz de un hombre.
-¿Hermosa luna no crees? aunque su luz no es suficiente para matizar tu rostro, soy Gabriel y te he visto en la comida cerca del Doctor- Dijo al tiempo que le extendía la mano. Lilith lo miró sobre el hombro con un gesto de desagrado, aunque no podía ignorar que aquel hombre la intrigaba, debía ser un forastero pues ningún joven de la región se atrevía a dirigirle la palabra.
-Es mi padre, y usted probablemente no es de por aquí, pues todos en San Antonio conoce a mi familia, soy hija del Doctor, soy Lilith. Mucho gusto Gabriel- Dijo al tiempo que extendía su pequeña mano. Él estaba aturdido ante la fulminante ráfaga de agradables estímulos, se perdía en la dulzura de la voz, mientras la suavidad de aquellas blancas manos lo regresaba a la tierra…
Cuando se hubo recuperado de la impresión, de su boca salieron las palabras con la fuerza de las cascadas:
-En toda mi vida nunca he visto tal perfección en la imagen femenina, permite hacer de mi lienzo el cuadro que inmortalice tu belleza. Sabrán de ti mas allá de estas fronteras, y escritores ignorarán los ripios para describirte…
Esa noche la luna primaveral sería testigo de un nuevo capítulo en la vida Lilith, la mujer.
Pasaron los días y Gabriel comenzó a visitar la Hacienda con bastante frecuencia, moldear las manos de la chica en barro, escribirle un verso o hacer un fresco eran los motivos comunes, poco a poco estos se fueron transformando en paseos dominicales por la rivera del rio, excursiones a las praderas, o reuniones informales para tomar un poco del café de la región.
Una tarde de otoño durante un paseo por el campo, Gabriel le contó a
Lilith que tenía planeado ir a la capital para realizar una exposición del trabajo de los últimos meses.
-Pequeña, la siguiente semana presento mi trabajo en una exposición en la capital. Me gustaría pudieras acompañarme. Te vendría bien conocer un poco más allá de este pueblo.- Comentó mientras la miraba fijamente a los ojos, con un tono de voz de quien es presa de las emociones.
-Ciertamente, no me vendría mal unas vacaciones. Hablaré con mi padre hoy mismo, no creo que tenga inconveniente al respecto. Tengo deseos de ver tu exposición- comentó la chica con una enorme sonrisa.
La llegada a la ciudad transcurrió sin ningún inconveniente, todo era novedad ante los ojos de la muchacha. Las luces de la avenida principal le hacía recordar las navidades en su pueblo. Sólo que el ritmo era otro, las personas corrían de lado a lado sin mirarse. Nadie sabía quién era el otro y aparentemente no les importaba. Lilith estaba extasiada ante un cocktail de estímulos.
Se hospedó en casa de la tía Lucrecia, una mujer que para su gusto siempre había resultado muy rígida con ella. Llegada la noche de la inauguración del evento ella estaba lista. Su esbelta figura resaltaba por el rojo carmín del vestido que llevaba puesto, el escote de los hombros dejaba ver la blancura de su piel y la fina seda acariciaba a la vista. Su mirada tenía un brillo especial y Gabriel estaba atónito ante el espectáculo.
La noche transcurrió sin contratiempos, la gente se acercaba para saludar a Gabriel y él no cesaba de agradecer y aprovechaba el momento para presentar a su acompañante.
-¿Quién es el joven al termino del salón?- Preguntó a Gabriel al tiempo que señalaba a un hombre en otro extremo de la habitación.
-Es el Arq. Andrael Valladares, es socio de la mayor constructora en el estado. Es el prometido de Lidia, hija del gobernador Santiago Solís.
El Arq. Valladares se acercó para saludar y presentarse ante la dama, al tiempo que percibía la mirada de aquel par.
-¿Así que es usted la inspiración de “Contornos de mujer”?-Preguntó mientras extendía su mano a Gabriel para saludar y dirigía la mirada a Lilith.-. Andrael Valladares señorita. He de reconocer que me siento un poco defraudado por tu obra Gabriel, el lienzo que presentas es por mucho un esbozo de la mujer que hoy engalana tu brazo. Muestra una perfección abrumadora a la vista, pero al conocerla percibo algo que tu obra no me transmite. Es encantadoramente angelical y su mirada asoma una inocencia de otro mundo. Pareciera forjada por un metal diferente al nuestro.
Lilith estaba nerviosa y por primera vez en toda su vida, sintió la necesidad de evadir la mirada a aquel hombre, pues temía que notara la ansiedad que experimentaba. Así que se limitó a sonreír y agradecer la galantería.
-Es usted muy amable Arq. Aunque temo defraudar su apreciación. Soy sólo una mujer de provincia y he tenido la fortuna de conocer semejante Artista. Lilith es mi nombre.
El resto de la noche platicaron y recorrieron la galería juntos, en cada obra ella le contaba el contexto en el que había sido creada.
Lilith era una chica acostumbrada a obtener lo que deseaba, siempre ganaba y esa noche decidió que ese hombre sería para ella. Anhelaba impetuosamente ser deseada por él, hacer que el vibrara sólo con su mirada. Sabía que era un hombre comprometido pero sabía también que no le era indiferente, lo sentía en la mirada, en esos silencios que prometían aquello que aún no sabían, prometían futuro. Y bajo este anhelo, esa noche se despidieron con una promesa de reencuentro.
Los paseos vespertinos no se hicieron esperar, visitas al autocinema y cenas en elegantes restaurantes era común denominador de aquellas noches. Entre ellos se gestó una relación cargada de tensión, se sabían ajenos mas sin embargo la piel no lograba contener los anhelos guardados en el fondo de su alma. Estando juntos el ambiente se percibía denso y cada silencio era una invitación a lo impropio. Andrael con frecuencia se descubría con el pulso acelerado mientras contemplaba los voluptuosos labios que tenía en frente, y cada palabra le parecía una invitación a probar de ellos.
Cierta tarde de octubre mientras regresaban de una excursión, él la miraba y veía como el viento jugaba con sus cabellos. La luz dorada del crepúsculo le daba a la piel un cierto toque de misticismo, lucía cansada pero se veía más hermosa de lo que la había notado los últimos meses. De un movimiento salió del camino y apagó el motor, mirándola fijamente a los ojos le dijo:
-No concibo mi vida sin tu presencia, no podría volver a ver una puesta de sol sin evocar tu imagen. Y no deseo vivir así… - un silencio se apoderó del ambiente, las mejillas de la chica se encontraban encendidas y los ojos tenían un cierto brillo. – Sé mi compañera, compartamos el mismo futuro y cásate conmigo.
Lilith con una sonrisa le dijo:
Llévame a casa por favor, necesito elaborar esto que siento. Mañana nos veremos y sabrás de tu futuro.
Andrael no dijo una palabra, un tanto confundido llevó a la chica a su casa. Durante el camino nadie dijo nada, sólo el silencio los acompañaba.
La tarde siguiente Lilith visitó a Gabriel, estaba muy confundida y aún cuando sabía que el matrimonio con Andrael era lo que se había propuesto, misteriosamente había perdido su encanto y el pánico se había apoderado de ella. Al llegar al departamento del pintor fue recibida por un joven de muy buen ánimo, Garbiel siempre le había transmitido paz y ese día no era la excepción.
-Pasa linda, hace tanto tiempo te esperaba… -Dijo el hombre mientras extendía su brazo con un ademán de bienvenida. El lugar era exactamente como ella lo había imaginado. Había muestras del espíritu aventurero del inquilino, por todos lados pues en las paredes se podían apreciar exóticas pinturas multicolores que evocaban otros horizontes, en el centro de la estancia había una enorme piel de oso. Lilith pudo apreciar una biblioteca improvisada en una esquina de la pieza, parecían testigos de viejas batallas. Un enorme candelabro sostenía unas velas que daban la impresión de que se esforzaban por seguir vivas, pero su mayor atractivo no dependía del ambiente, sino de una cuestión geográfica: el departamento estaba situado en el último piso del edificio lo que le permitía gozar de un hermoso cuadro de la ciudad al ocaso. El crepitar de la chimenea trasladó a la joven a sus noches de infancia, mientras acompañaba a la nana Carmen en la espera de los peones que hambrientos regresaban de sus labores.
-Estoy confundida y no quiero estar sola esta noche- comenzó ella con un tono que imponía- Hoy tengo lo que deseo y no me basta, tengo miedo. Un miedo que jamás había estado en mí. No quiero sentir y lo que es más, no quiero pensar.
-Pues bienvenida al país de la abducción- le dijo el pintor mientras lo invadía la melancolía. Le acercó un poco de whiskey y juntos se sentaron frente a la chimenea.
-Hermosa, no sé exactamente lo que te incomoda, pero una cosa si sé, este mundo es de dualidades, no puedes tener medios. Es necesario tomar una postura frente a las situaciones. Eso inevitablemente te brindará tranquilidad y ella es la fiel guardiana de la felicidad. Mírame, he renunciado a ti, sé que no eres para mí y estoy conforme con ello. Eres lo perfecto en mi mundo perfectible y hoy deseo mantenerte así. Deseo ver eterna tu mirada cuando me escuchas, admirar tu sonrisa cuando deseas algo, observar ese gesto que arruga tu nariz cuando no estás de acuerdo pero no deseas decir nada, tener la imagen de tu cuerpo al demostrar tu perfecto equilibrio al andar. Deseo seguir en un eterno sueño en el que eres mía aún sin saberlo, a este punto puedo hablar con total franqueza y ya no temo al efecto, pues pase lo que pase, hace tiempo eres mía. Algunas noches estas aquí, me basta con cerrar los ojos e imaginarte cerca, puedo imaginar aún aquello que no tendré. Estas grabada en mi memoria, cada ángulo ha sido registrado, tu perfecta espalda que orgullosa se muestra altiva para mostrar el camino a la redondez de tu cadera, los frágiles hombros que suaves enmarcan tu pecho para mostrar al mundo la firmeza de tus senos. Todo y nada, una hermosa dualidad.- Cuando hubo terminado dirigió la mirada y la notó diferente. No era la misma que había tocado a su puerta. El estéreo tocaba un suave blues y el licor comenzaba a gobernar sus sentidos, la chica lo miraba directo a los ojos, sus labios estaban entreabiertos y su respiración era agitada, un escalofrío recorrió su cuerpo, y sintió un impulso de tomarla entre sus brazos, al fin sabía que ella lo esperaba. Recorrió su cuerpo con la mirada, la escena era perfecta, podía notar como su pecho se elevaba al tomar aire. Tuvo deseos de sentirla, de deslizar su mano por su piel, pero se detuvo. Sabía que no era necesario.
Lilith se incorporó anunciando su retiro pues, por primera vez temía perder el control, eso no se lo permitiría. Gabriel la tomó del brazo y sin decir palabra la estrechó en un delicado abrazo.
La mañana siguiente ella esperaba en el aeropuerto, había decidido viajar a Francia con la tía Lucrecia.
Del diario de Lilith
7 de octubre de 1965
Decidir es un verbo de dos posibilidades: Renuncia o Postergación, yo escogí la primera. He tenido todo en ésta vida y no quiero experimentar la frustración, no podría. Me retiro a tiempo, antes de que Cronos, las experiencias o la vida misma hagan de mi algo que no me apetece. No espero comprensión, sólo deseo me recuerden. Hay un dolor suave, como una promesa de algo diferente, no sé si me equivoco, de cualquier forma, deseo correr el riesgo.
Lilith murió en Paris, hermosa y radiante aunque creo que eso no es novedad. Fue un hermoso ángel que en mejores épocas iluminó este viejo lugar. Como todos los ángeles nació con sus virtudes, pero sus decisiones le costaron muy caras. Hoy soy lo único que ella legó, por nombre llevo André, vi pasar mi infancia y adolescencia en las viejas calles parisinas. Vine a México con la intención de saber mis raíces. Ella nunca me dijo quién fue mi padre. Algunas veces creo ver en mí algunos rasgos de Gabriel pero me detengo al pensar en las posibilidades de ser hijo de Andrael. De cualquier forma, nada cambia; a menudo pienso en lo diferente que hubiera sido mi vida de haber conocido a mi padre, pero bueno… esas no fueron mis batallas, soy sólo un remanente. Algunas veces creo que Lilith hubiese deseado tener una hija pues con bastante frecuencia me decía que la vida de las mujeres es más intensa y cargada de posibilidades, que poseen el poder de poner el mundo a sus pies con una sonrisa, yo no lo sé.
Por lo que a mí concierne, aun respiro la soledad de la vieja Hacienda de San Antonio y pienso en el viejo esplendor de éste paraíso en ruinas. Algunas veces creo escuchar el vaivén de la vieja mecedora de ella, pero es algo que pretendo ignorar, pudiera asustarse y dejarme completamente solo.